Memoria colectiva


Memorial del 11-09-2001 | 2003

Zona Cero, Ciudad de Nueva York

¿Qué era lo que se debería conmemorar en un memorial sobre los sucesos del 11 de septiembre de 2001? ¿La pérdida de la puerta simbólica de Nueva York? ¿La pérdida de 3.022 personas? ¿La solidaridad entre los neoyorquinos y la que recibieron de todas partes del mundo durante el período de luto? ¿La capacidad de la ciudad para recuperarse de un golpe tan catastrófico? Todas estas consideraciones eran importantes para la construcción de una memoria específica y fue por esta razón que esta propuesta se concibe no solamente como un lugar, sino principalmente como un ritual de renovación. Como evidencia de la renovación, con los cambios de estación se verían cambios en las huellas de las torres del World Trade Center, realizados por diferentes grupos de partícipes. El ritual comenzaría el 11 de septiembre de cada año, mientras la bruma sube del suelo para evocar la tristeza e inseguridad después del ataque. En primavera, la bruma cedería el paso a agua límpida que llenaría las huellas y reflejaría el cielo. En verano, los estanques reflejantes se transformarían en prados y jardines hasta el siguiente septiembre, de manera que el ritual continuaría a reinscribir la memoria del suceso. Se repartiría a través del sitio 3.022 “piedras” artificiales y traslúcidas del tamaño de una mano, para indicar el tamaño de la pérdida humana — de noche se iluminarían. Los nombres de los caídos estarían grabados en los muros del santuario debajo de la plataforma de observación entre las huellas de las torres.

LA SEMILLA
17.02.2019