{"id":7184,"date":"2015-03-31T22:53:10","date_gmt":"2015-03-31T21:53:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.susanatorre.net\/?p=7184"},"modified":"2015-03-31T22:53:10","modified_gmt":"2015-03-31T21:53:10","slug":"el-acrobata","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.susanatorre.net\/es\/el-acrobata\/","title":{"rendered":"EL ACR\u00d3BATA"},"content":{"rendered":"<p>&#8220;El acr\u00f3bata no es una marioneta.<\/p>\n<p>Dedica su vida a actividades<\/p>\n<p>donde, en peligro perpetuo de muerte<\/p>\n<p>realiza movimientos extraordinarios de infinita dificultad<\/p>\n<p>con exactitud y precisi\u00f3n disciplinadas,<\/p>\n<p>libre para partirse el pescuezo y romperse los huesos.<br \/>\nNadie le ha pedido hacer esto.<\/p>\n<p>Nadie le debe ning\u00fan agradecimiento.<\/p>\n<p>Vive en el mundo extraordinario<\/p>\n<p>de los acr\u00f3batas.<\/p>\n<p>Resultado: con toda seguridad!<\/p>\n<p>Hace cosas que otros no pueden hacer.\u201d<\/p>\n<p><em>Dictado por Le Corbusier a Balkrishna Doshi (a+u Magazine)<\/em><\/p>\n<p>Encontr\u00e9 este poema en un librito sobre Le Corbusier que me hab\u00edan prestado durante el primer mes de mis estudios de arquitectura en Argentina. Nuestro profesor de composici\u00f3n arquitect\u00f3nica de primer a\u00f1o era un disc\u00edpulo de Le Corbusier, por lo que me sent\u00ed obligada a entender su arquitectura. Pero me impresion\u00f3 mucho m\u00e1s el poema que los edificios en el librito, mal representados en ilustraciones peque\u00f1as y borrosas en blanco y negro. El poema, lejos de asustar a una adolescente que se ve\u00eda como una rebelde que no estaba en deuda con convenciones de g\u00e9nero o de ning\u00fan otro tipo con su alusi\u00f3n a huesos rotos, le abri\u00f3 un mundo de posibilidades. De estas posibilidades, no identificadas espec\u00edficamente con la arquitectura en el poema, la m\u00e1s atrayente era el ser capaz de hacer cosas que otros no pod\u00edan hacer. Uno de mis poetas favoritos en ese momento (y todav\u00eda ahora) era el espa\u00f1ol Antonio Machado, cuyo poema \u201cCantares\u201d yo recitaba una y otra vez como un mantra: Caminante, son tus huellas<br \/>\nel camino y nada m\u00e1s; caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace camino y al volver la vista atr\u00e1s se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Caminante no hay camino sino estelas en la mar.\u201d Ambos poemas converg\u00edan en la idea potente de una vida que carec\u00eda de dise\u00f1o previo, una que habr\u00eda que dise\u00f1ar ab novo. Aunque la mitad de los estudiantes en mi promoci\u00f3n eran mujeres, me d\u00ed cuenta de no exist\u00eda ninguna ventaja en asociarme con ellas, y que pod\u00eda ganar un respeto mayor por mi trabajo de mis compa\u00f1eros varones, en parte porque yo pod\u00eda \u201chacer cosas que ellos no pod\u00edan hacer,\u201d como mis observaciones inesperadamente originales sobre el sitio o el programa de un proyecto que se generaban en un proceso anal\u00edtico complejo. Durante y m\u00e1s all\u00e1 de mi educaci\u00f3n no hab\u00eda modelos de mujeres arquitectas para emular, ni edificios dise\u00f1ados por mujeres en los libros de historia de la arquitectura que estudi\u00e1bamos. Mis compa\u00f1eras y yo \u00e9ramos como hu\u00e9rfanas en la tormenta, f\u00e1ciles de desarraigar del camino elegido, como les ocurri\u00f3 a la mayor\u00eda de ellas que abandonaron la profesi\u00f3n cuando fueron madres, o que se convirtieron en las administradoras tras bambalinas de los estudios de sus maridos. Esto ocurr\u00eda en los \u00faltimos a\u00f1os de la d\u00e9cada de 1960, pero s\u00e9 que el problema persiste todav\u00eda hoy, con la excepci\u00f3n de opciones de escape disponibles a personas acaudaladas.<\/p>\n<p>Cinco d\u00e9cadas despu\u00e9s de haber descubierto el poema de Le Corbusier me pregunto qu\u00e9 fui capaz de hacer \u201c que otros no pudieron.\u201d Una lista incompleta: hacer visible la invisibilidad de las mujeres arquitectas en Estados Unidos; abrir el camino para que otras mujeres fueran consideradas para los codiciados encargos en la ciudad de Columbus, Indiana; introducir el estudio de la naturaleza y el paisaje en los planes de estudio de la arquitectura a\u00f1os antes de que el \u201curbanismo paisajista\u201d apareciese en la mayor\u00eda de las facultades de arquitectura de Estados Unidos; introducir el concepto de \u201c funci\u00f3n\u201d no como \u201cutilidad\u201d sino como \u201cprop\u00f3sito\u201d durante la d\u00e9cada de 1980 cuando ense\u00f1aba teor\u00eda y dise\u00f1o en la facultad de arquitectura de Columbia University; conseguir establecer un plantel paritario entre profesores varones y mujeres en Parsons cuando ya hab\u00eda reacciones violentas contra las demandas del feminismo durante la d\u00e9cada de 1980, y a\u00fan lograr un grupo integrado exclusivamente por mujeres profesoras cuando fui directora del programa subgraduado de arquitectura en Columbia; crear nuevas tipolog\u00edas para las casas de bomberos y las viviendas colectivas. Creo que, dadas otras circunstancias, podr\u00eda haber hecho m\u00e1s. Pero, como dijo tan acertadamente el boxeador Joe Louis, \u201chice lo mejor que pude con lo que me toc\u00f3.\u201d<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&#8220;El acr\u00f3bata no es una marioneta. Dedica su vida a actividades donde, en peligro perpetuo de muerte realiza movimientos extraordinarios de infinita dificultad con exactitud y precisi\u00f3n disciplinadas, libre para partirse el pescuezo y romperse los huesos. Nadie le ha pedido hacer esto. Nadie le debe ning\u00fan agradecimiento. 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